martes, 6 de septiembre de 2011

33 (v. iii)




44.
Los cristos roban a veces.
Van de putas.
Beben.
Sonríen
y
sonríen.

Durmen en la calle.
En pensiones.
Están tristes.

Besan,
ruidosos,
a sus sobrinos.

Prometen
sabiendo que cumplir no está en su mano.
Y lloran.

Abrazan sinceros,
y muerden
y disparan.

Van en moto,
a pie,
te aman.

Una vez un Cristo,
padrino mío,
juntó todo:

Caminó de noche,
pensando en abrazar
a su sobrino.
Cruzó sin Luna,
bajo la nada y la lluvia,
ante la muerte.

Y le llevó con él,
donde las promesas no importan,
las sonrisas no caducan,
los corazones simpre laten,
y los sobrinos nunca lloran.

Samuel Rodríguez---2011