44.
Los cristos roban a veces.
Van de putas.
Beben.
Sonríen
y
sonríen.
Durmen en la calle.
En pensiones.
Están tristes.
Besan,
ruidosos,
a sus sobrinos.
Prometen
sabiendo que cumplir no está en su mano.
Y lloran.
Abrazan sinceros,
y muerden
y disparan.
Van en moto,
a pie,
te aman.
Una vez un Cristo,
padrino mío,
juntó todo:
Caminó de noche,
pensando en abrazar
a su sobrino.
Cruzó sin Luna,
bajo la nada y la lluvia,
ante la muerte.
Y le llevó con él,
donde las promesas no importan,
las sonrisas no caducan,
los corazones simpre laten,
y los sobrinos nunca lloran.
Samuel Rodríguez---2011