Tus pestañas sangran, lloran de rojo de vida.
Tus pómulos me miran desde la distancia.
Eres bonita, siempre dispuesta,
eternamente rebelde joven atractiva.
Me matas si me miras,
me muero si te toco, tus pómulos me ofenden,
niña bonita de cara redonda,
pestañas rojas de cielos que se van.
Tu vida me hace daño,
me duele sin mi en tu vida,
sin tus manos en mi pecho,
sin tus pies en mi espalda.
A veces,
cuando me puedes buscar te escupo,
un poco,
en las manos,
y te cuento lo que no querías saber ayer,
y te miro
y te busco
y te persigo.
Y nunca te encuentro.
¿Dónde estás?
¿Porqué decidiste morirte ayer de nuevo?
Las pestañas rojas ya no me ofenden,
ni me hacen llorar,
ni siquiera me dan pena,
ni me duelen,
ni las quiero.
Pero las recuerdo,
como el rojo más intenso del dolor más puro,
dolor de ayer,
rojo de mañana.
Mañana te buscaré de nuevo entre las nubes,
te buscaré pómulos de sonrisa,
te encontraré en el columpio del cielo,
y esas manos que te mecen,
que no son las mías,
que las escupo.
mientras tus pestañas siguen,
en algún lugar,
acariciándome el alma,
roja,
también.
Samuel Rodríguez--2008